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La ciudad de los susurros (Axel Snow)

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La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Clarence Crabb el Miér Abr 15, 2015 2:52 pm

Quien lo viera pensaría que ese lugar jamas llegaría a ser un gran ciudad portuaria, distante de Puerto Gaviota más al norte y de Lanza del Sol al sur no solo por nudos, sino por espíritu. Por supuesto que había comercio, pero las calles no tenían esa vida tan propia de las ciudades mercantes, la gente hablaba de forma pausada, casi en susurros, con ojos esquivos que solían mantener una mirada baja. Si no fuese por su locación, al centro de la costa de poniente que daba al mar angosto, convirtiéndolo en un puerto donde cualquier embarcación que surcase el mar tendría que utilizar para abastecerse, la gente no se detendría ahí aunque su vida dependiese de ello.

Los Susurros era un nombre que le sentaba a la ciudad a la perfección, muchos creían que debido al ambiente gris que rodeaba la ciudad era que le habían dado dicho nombre, pero se equivocarían, esa antigua ciudad usaba otro nombre en la generación pasada, un nombre que parecía olvidado en la memoria de la gente. El castillo tenia poco de palacio y mucho de fortaleza, desde épocas inmemoriales los habitantes de Punta Zarpa Rota han peleado, entre ellos y contra extranjeros, el ser una zona pantanosa ayudaba a defender de ataques terrestres, pero los señores debieron levantar un asentamiento capaz de contener a los agresores provenientes del mar.

Se pensaría que eso solo serían impresiones de la gente, que nada tendría que ver con la ciudad y no deberían afectarla, pues al final es solo estructura. Sin embargo era otra la razón de que la ciudad estuviese siempre silenciosa, el temor iba más allá de un par de construcciones incluso más allá de la reputación de la familia Crabb, señores de esa ciudad. Pues de todos los gobernantes Clarence, a quien llamaban el Gigante, era el peor de todos, o eso se decía siempre en voz baja. Cuando aquel demonio se desposó todos pensaron que las cosas cambiarían, la esposa del monstruo era hermosa y delicada, una flor venida de tierras extranjeras que aquella bestia probablemente había raptado, pero que para bien o para mal, endulzaría en algo a Los Susurros. Pero se equivocaron del cielo a la tierra. Los rumores de la mujer estaban a la par con los de su esposo, decían era una bruja que había pactado con el dios de la muerte.

Todos eran rumores de taberna, por supuesto, la típica comidilla de un pueblo, pues nadie podria afirmar jamas uno de estos actos. Al menos nadie Vivo o con torso bajo su cuello.

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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Axel Snow el Jue Abr 16, 2015 6:57 pm

Después de una ridícula misión espiando a los malditos Stark en el dominio pude volver hacia al norte. Quitándome las ropas de aquellos soldados y pudiendo por fin ponerme mi armadura de siempre y coger mis espadas, toda una alegría, la verdad. El lado negativo es que ahora me tocaba un largo viaje, pues estaba muy al sur y no habían caminos bien indicados hacia el norte por lo cual en cualquier momento podía perderme y acabar en cualquier otro sitio. Y eso fue lo que paso, después de unas semanas de viaje llegue a una ciudad, la cual era extremadamente silenciosa. Con una apariencia mas bien vacía que ocupada, lo cual no me daba una sensación demasiado agradable.

Poco a poco me fui adentrando en la ciudad y me di cuenta de que era una ciudad portuaria, el único problema era que no sabia cual ni donde se situaba, pero una cosa tenia claro. No era en el norte. Con el viaje que había dado no estaría demasiado lejos pero algo me decía que no iba por el camino correcto y que yo no debía estar en aquella ciudad. Por la seriedad de la gente de aquella ciudad supuse que seria por aburrimiento, no podía haber ninguna otra razón por la cual permaneciesen así. Quizá solo les faltaba alguna taberna o algún prostíbulo para que se desestresaran y esto se animara mas, incluso para los viajeros que llegaban, pues como era actualmente la ciudad no era precisamente agradable para venir de visita.

Estaba bastante harto ya de dar vueltas sin descubrir donde me encontraba. Por lo que decidí preguntar al primer hombre que vi, era un señor mayor, parecía ser de las personas mas pobres de la ciudad y estaba girado mirando hacia la pared de un edificio antes de que le hablara- Perdona, ¿Me podrías decir que ciudad es esta? Te podría recompensar con alguna moneda por la información -En ese momento el hombre simplemente rió y dijo- Mejor dame todas las monedas que tengas -Justo antes de abalanzarse sobre mi intentando de alguna manera derrotarme a golpes, pero no le di la satisfacción de golpearme pues el primer puñetazo lo esquive con facilidad y seguidamente le clave en uno de los ojos una daga que siempre llevaba bastante accesible. Una vez muerto me fije en como toda la gente estaba mirando la escena bastante interesados en lo que pasaría, mire con media sonrisa a la gente- ¡¿Alguien me piensa decir donde estoy?! ¡¿O me daréis el placer de arrancaros las partes de vuestro cuerpo una a una hasta que alguien hable?! -Ese grito que les di asusto a algunos, a otros apenas les afectó. Una parte de mi deseaba que nadie dijera nada para tener una excusa para torturar a esos inútiles.
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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Clarence Crabb el Jue Abr 16, 2015 10:15 pm

Sus pasos eran cortos y delicados, con cada movimiento que daba, su vestido, índigo oscuro con detalles en dorado en las mangas y la cintura, hacía ondulaciones en un va y ven casi hipnótico, de su cinturón que lucía una piedra de azabache colgaban unas cuentas negras que chocaban entre si con aquel movimiento, un sonido que parecía aumentar la tensión entre los concurrentes. La mujer que inspeccionaba una y otra vez a los hombres arrodillados ante ella, su mano paso por la barbilla de uno en un gesto que en otras circunstancias habría sido provocador, la mujer era hermosa, de piel blanca como el mármol y grandes ojos color ámbar, como sacada de la canción de un bardo o de un cuento infantil. La mujer sonrió al ver que al contacto de su mano, el hombre clavaba con intensidad sus ojos en el suelo y hacía lo posible por contener un escalofrío. Inconscientemente la dama llevó sus dedos a un anillo de plata que usaba en el dedo anular. - Muy aburrido. - Dijo más para sí misma que para los hombres arrodillados frene a ella o para los caballeros a su espalda. Dio un par de pasos hacia el siguiente hombre, el chocar de sus cuentas hicieron que el hombre que ya dejaba a su espalda respirara tranquilo, fue cuando sintio el tacto en ambas mejillas, la mujer se había movido en con un siglo digno de una serpiente, el hombre no había alcanzado a escuchar el choque característico de sus cuentas cuando ya estaba frente a él, los ojos verde musgo del hombre en el piso fueron llamados por los ámbar de la mujer como una polilla a la luz, como si pese a saber su fatídico destino una fuerza incontrolable le llamase, cual canto de sirena. Escudriño en sus ojos como si pudiera leer su alma reflejada en ellos, su rostro se acercó tanto que el hombre podía sentir la humedad de su respiración. Con otro movimiento ondulante la mujer rompió el contacto visual para luego llevar sus labios a escasos centímetros de sus oídos y susurrarle unas palabras. Pudo escuchar un carraspeo a su espalda que bien se le podría haber atribuido a un oso, la mujer dio una mirada felina hacia atrás, sus ojos emanaban picardía, para luego morder la oreja de aquel hombre hasta que logró saborear el metálico gusto de la sangre.

Los hombres miraban aquel espectáculo con ojos perdidos, carentes de sentimientos o quizas haciendo remembranzas de tiempos pasados, todo con tal de evitar que de una u otra forma, la atención de su señora recayera sobre ellos. Sin embargo había uno que tenía toda su atención derramada en las acciones de la Bruja de los Susurros. Los hombres de su guardia eran fuertes, curtidos en batalla y en una geografía adversa, pero incluso el más alto y recio de ellos parecía un niño comparado con el que estaba al centro, la mayoría de ellos con suerte le llegaba al codo mientras que el más alto apenas si le llegaría a su hombro. El monstruoso hombre era quien clavaba la vista en ese ritual y la bruja que lo llevaba a cabo no era otra persona que su esposa, lord y lady, tan opuestos como el sol y la luna y a su vez tan idénticos. Los guerreros veían como la expresión de su señor iba cambiando a medida que avanzaba el ritual, se decía que con solo saborear la sangre la señora no solo podía saber el destino de un hombre, si no que también si decía la verdad o mentía, y en este caso, su culpabilidad. No se requerían pruebas o alegatos, la palabra de aquella mujer no sería puesta en duda por ninguno de los presentes, le conocían demasiado bien como para hacerlo. Clarence sabía que gran parte de ese ritual era para provocarlo, pero incluso con dicho conocimiento sus puños estaban cerrados con tal fuerza que podrían haber pulverizado una roca, en algunas ocasiones, como parecía ser esa, a su mujer no le importaba encontrar o no la culpabilidad en una persona, sino que buscaba enfurecer a su marido para verlo despedazar a alguien. Así se habían conocido y así se amarían, como si el dios de la muerte fuese un bardo que tocara la sonata con la que disfrutaron su primer baile.

Tras paladear la sangre la mujer se llevo su mano al pecho, hasta su corazón, no era parte del ritual pues tan solo había sacado un pañuelo de seda que uso para limpiarse y de paso escupir los restos de sangre, como si hubiese probado un vino picado que le dejase un sabor agrió en la boca. Dio medio giro como una niña danzando al son de la música, su vestido giró con ella y asi chocaron sus cuentas, tenía una mirada como si guardase un secreto. El hombre cuyo lóbulo todavía sangraba tenía los ojos vidriosos, iba a decir algo pero se mordió la lengua, pues se aferraba a la única verdad que podía, su inocencia. La mujer se abalanzo sobre su marido abrazándole, y luego le hizo un gesto para que bajase la cabeza, el hombre tuvo que encorvarse para que ella pudiera llegar hasta su oído. Bastaría un solo susurro y la sentencia de ese hombre, no, de todos ellos, sería dictada. Pero el destino quiso que aquel hombre tuviera más tiempo, aunque no los minutos más honorables, al escuchar el grito el hombre perdió el control de su esfinter mojando su calzón de terciopelo.

- ¡PADDDDRRREEEEE! - El grito de la muchacha fue desgarrador y rompió por completo el ambiente en el salón de la posada. - ¡Lo ha matado, por los dioses, padreeee, ¿Por qué?! - Un gesto del gigante basto para que sus guardias fueran a ver lo sucedido, su esposa atrapo su enorme mano con sus delicadas manitas, pudo ver que aún estaba tenso por lo que las beso en el dorso. Clarence le sonrió, ella era la única persona que lograba tal efecto, luego de eso se colgó a su brazo. - Vamos a ver querido. - Su voz denotaba un carácter risueño, como un juego nuevo que comenzaba. - Parece sucede algo interesante. - Su esposo le complació, para cuando salio la gente se había acercado a ver lo que sucedía, una joven doncella estaba destrozada a los pies de un hombre que le habían clavado un objeto filoso en el ojo, se había desangrado hasta morir. Los cinco guardias habían desenfundado sus espadas rodeando al agresor. Su esposa mostró una cara de horror quedando al borde de las lágrimas y se acercó a la muchacha en tono conciliador. - Oh pequeña, ¿que ha pasado?. - La mujer estaba demasiado consternada, pero al ver de quien se trataba, y quienes le acompañaban, saco una furia en sus ojos. - ¡Fue él mi señora! Se acercó a mi padre como peguntando algo y luego salto sobre él... sobre él... - La niña estuvo a punto de quebrarse, pero logro sacar fuerzas de flaqueza, concentrándose en su rabia más que en su tristeza. - ¡Lo mato mi señora!. - Su esposa la apretó contra sus brazos y la niña termino por ponerse a llorar, Clarence frunció el ceño, y antes que eso una voz salio de entre la multitud. - ¡No solo eso, nos amenazo a todos! - Otra voz lo secundo. - ¡Amenazo con arrancarnos partes del cuerpo milord!. - Las voces se secundaron unas a las otras, al parecer el tipo había gritado a los cuatro vientos dicha amenaza, habían dos docenas de hombres y mujeres aseverando su culpabilidad.

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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Axel Snow el Jue Abr 16, 2015 10:59 pm

La situación me encantaba, había sido divertido matar a ese hombre pero incluso mas divertido fue la reacción de su hija. Sus gritos de pena por ver a su padre muerto eran como una dulce música que llegaba a mis oídos y hacia que todo fuera aun mas divertido de lo que ya era. No tarde en mirar a aquella chica a los ojos, ella me devolvió la mirada, aunque las miradas eran muy diferentes. La suya estaba llena de odio, notaba solo con su mirada el deseo que tenia de que yo muriera. En cambio la mía era una mirada amistosa, que acabo con un guiño antes de cambiar el objetivo en el que me fijaba. Ahora podía ver a la multitud alterada, como si matar a alguien fuera algo tan grave, como si ellos fueran inocentes de algún crimen. Conocía bien esa mirada. Se creían mejores que yo, lo cual me hacia enfurecer y querer matarlos a todos pero sabia que de un momento a otro llegarían los guardias y no seria lo mismo librarme del asesinato de un viejo a intentar librarme de matar a una parte de la población. Otra idea era irme de la ciudad antes de que llegara nadie, estaba muy lejos de casa y los guardias no suelen ser muy agradables con los extranjeros que matan a sus habitantes, extrañamente.

Por suerte o por desgracia, llegaron guardias rápidamente junto a una mujer que no tardo en ir a abrazar y apoyar a la hija del difunto. Uno de los soldados que habían llegado que destacaba sobre el resto, su tamaño era mayor al de cualquier hombre que hubiera visto en toda mi vida. De hecho mas que un hombre parecía una bestia, era cierto que intimidaba, pero eso hacia aun mas divertida la situación.

Uno tras otro todos los hombres y todas las mujeres hablaban de mi culpabilidad, la cual no era cien por ciento cierta pues yo solo me defendí. Una defensa excesiva pero una defensa al fin y al cabo. Luego empezaron a quejarse de que yo les amenace, cosa que yo consideraba como un aviso, el cual seria divertido cumplir pero al fin y al cabo tenia prisa para volver al norte y no me podía distraer con minucias. No hice otra cosa que reírme y entonces me acerque al cadáver del hombre al que había matado. Su hija se asusto pues pensó que también iba a matarla a ella, pero únicamente me limite a coger el cuchillo que había quedado incrustado en el ojo de su padre, lo cual provoco que saliera bastante sangre mas de aquel cráneo prácticamente destrozado- Esto es mio -Dije con una sonrisa mientras guardaba el cuchillo. Empece a caminar y destine mi mirada a los guardias y a aquella mujer- A ver, primero, el se abalanzo sobre mi. No voy a negar que ha sido divertido matarle pero nunca fue mi intencion. Segundo, ahora que parece que hay alguien que sabe donde demonios estoy ¿Seriais tan amables de decirmelo? No tengo que perder mas tiempo, debo llevar al norte pronto y desollar a todos estos asustados pueblerinos que no quieren decirme donde estoy seria demasiado lento -Dije con una sonrisa, ignorando que habia asesinado a alguien y normalmente tal cosa es un crimen, pero quiza si lo intentaba ignorar se les olvidara y no intentaran juzgarme por ello.
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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Clarence Crabb el Dom Abr 19, 2015 9:37 pm

La muchacha se estremeció en el regazo de su señora al ver como el hombre arrancaba el cuchillo clavado en el cuerpo de su padre, este se volvió a levantar unos escasos centímetros del suelo, un nuevo borbotón de sangre entremezclada con otros fluidos oculares salpico los alrededores, por su parte el muchacho, pese a estar rodeado, se mostraba arrogante y altanero, la señora de la cuidad no supo si atribuírselo al valor, a la juventud o de llano a la estupidez, pero cuando vio su accionar dejo de lado a la muchacha para levantarse y extender la mano al gigante tras ella, dándole una indicación de que no hiciera nada, Clarence ya había llevado su mano al pomo de su mandoble y los guerreros de la guardia se disponían a desamar a ese muchacho, y por desarmar de seguro implicaba acribillarle, los guerreros que podían aguantar el ritmo de su esposo no eran un modelo de sutileza a la hora de actuar. - El norte. - Bufó Clarence que pensaba el niño intentaba de hacerse el listillo. - Por supuesto. - Dijo la mujer en tono que había dejado atrás cualquier dejo de consternación por aquellos actos. - Sin embargo me temo deciros que si estáis apurado en llegar las tierras nevadas debéis tener tan buena orientación como modales, mi nombre es Elphaba Crabb, esta ciudad se llama Los Susurros y como la señora de ella os doy la bienvenida... estáis a tres lunas de viaje para llegar al norte, en el mejor de los casos, lo que me hace sospechar seriamente de que sea en verdad vuestro destino. - Le dedicó una encantadora sonrisa al asesino para luego dedicarle unas últimas palabras. - Estáis arrestado por asesinato.

- Suelta el cuchillo y levanta las manos. - Fue la voz de uno de los guardias, en general no tenían que hacer ese tipo de advertencias pero por algún motivo su señora no quería despadazarlo de buenas a primeras, el hombre llevaba suficientes años al servicio de los Crabb como para saber que los juegos de sus señores podían variar. La mujer se puso junto a su esposo quien no le quitaba los ojos de encima al enano norteño, podía ver sus músculos tensos, como la bestia que esta a punto de ir a atrapar a su presa, si eso pasaba el juego acabaría demasiado pronto, había provocado demasiado a su marido con el chico de la taberna, tenía ganas de desquitarse con alguien. - Tendréis una oportunidad, bajad vuestra arma y se os escoltara al castillo donde celebraremos un juicio, resistios y soltaré a los perros, pero os advierto jovencito, no importa lo bueno que creáis que sois, veo tenéis una lengua osada y una mente inquieta, asi que lo dejare claro, haced cualquier movimiento y daré por sentada vuestra culpabilidad, bajad vuestra arma y tendréis la oportunidad de defendeos. - Ante todo era una soberana y, aunque a veces sus juicios se acababan convirtiendo en juegos, nadie podría decir jamas que Lady Crabb no era justa en su accionar. - Si en verdad se abalanzo contra vos y actuasteis en defensa propia, no tendréis nada que temer, ¿o me equivoco?. - Clarence por su lado había esbozado una sonrisa, el gigante veía al niño como un insecto el cual por fin le darían permiso de aplastar, su mirada decía a gritos "Resístete, por favor resístete".

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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Axel Snow el Lun Abr 20, 2015 7:10 pm

Deberían permitir el asesinato, es una tontería prohibirlo con leyes. Todo el mundo mata, seguramente la mitad de los que estaban allí, sobretodo los guardias, eran unos asesinos. Aunque parecía que yo había caído mal a la gente porque en vez de matar a alguien por cometer un crimen lo hice por... por evitar un crimen en realidad, aunque ninguno de ellos lo sabia. La mujer por fin se digno a hablarme, la cual parecía la que mandaba en esta ciudad, pues las ultimas palabras que me dirigió eran que estaba arrestado- Aunque me encantaría quedarme arrestado en esta... "encantadora" ciudad me temo que no es lo mas apropiado pues a mi padre no le haría mucha gracias que fallase en mi misión, al fin y al cabo hay cosas bastante complicadas en el norte y la información que tengo que darle es mas importante que mis deseos de quedarme arrestado aquí -Enseguida un guardia me dijo que soltara el cuchillo. Había que ser sincero, por muy bueno que fuera o me creyera no podría con tantos guardias yo solo, esta vez si que estaba en un aprieto.

La mujer volvió a hablar, esta vez diciendo lo obvio. Tenia que rendirme esta vez e intentar que el juicio saliera bien porque era demasiado joven y guapo como para morir. Mire al guardia que me había dicho que soltara el cuchillo y lance ese mismo cuchillo hacia el, clavándose justo en una pared que estaba detrás del guardia- No deberías dar ordenes a nadie, no eres mas que un guardia. Podrías haber acabado como ese viejo perfectamente, pero ahora mismo no es momento de matarte -Luego me acerque a la señora de la ciudad e hice una reverencia- Disculpe lo de su soldado, mi señora. Espero que no hagan falta cadenas ni nada, iré voluntariamente al castillo para el juicio, al fin y al cabo, con tantos guardias no debería poder escapar. -Luego mire al grandullón que estaba a su lado, le mire a los ojos y le sonrei a la vez que le guiñaba un ojo- Quiza a ti tambien te deberian juzgar, eres el que tiene mas pinta de asesino de todos los que hay. Aunque tu matas legalmente, grandullon, ¿no?
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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

Mensaje por Clarence Crabb el Miér Abr 22, 2015 3:02 pm

Una vez hubo soltado el arma, los guardias de la ciudad lo neutralizaron cogiéndolo por los brazos, dos guardias le revisaron de pies a cabeza, una revisión bastante exhaustiva al punto que podría haberse considerado un intento de violación, los hombres confiscaron algunos enseres que podrían ser peligrosos incluido un cuchillo un cuchillo de viaje, también cualquier objeto de metal o sospechoso que portara el hombre, uno de ellos los guardo junto con la espada. - Vuestro padre no verá la diferencia entre uno o dos días más, considerando que si viajáis al norte estáis a muchas leguas de distancia. - Una vez revisado completamente, la mujer se acercó a inspeccionarle, con un movimientos los hombres hicieron el muchacho acabase de rodillas. - ¿No es un hombre es culpable hasta que se demuestre lo contrario? ¿o no era así el dicho?. - Lady Crabb se encogió de hombros para luego dirigirse nuevamente a su prisionero. - Por cierto, no habéis mostrado la educación por la que son reconocidos los norteños. - Sonrió para sí misma. - Os he dicho mi nombre pero no habéis nombrado el vuestro, aunque no hubieseis mencionado un padre, por vuestra altanería cualquiera asumiría sois hijo de algún señor de las tierras más allá del cuello. - Su mirada, casi hipnótica, atrapo sus ojos como el águila una rata. - ¿O tal vez de un rey?.

El muchacho se levanto y se dirigió al guardia, pero este no dijo nada, claramente no estaba dispuesto a ponerse al nivel de un niño que hacía poco había dejado de alimentarse del pecho de su madre, además de impulsivo había demostrado no tener idea de donde estaba parado, o lo que ello conllevaba, escudándose en su supuesto padre cada dos o tres frases. Luego se dirigió a la Señora de los Susurros, para apelar a que no le pusieran cadenas. La mujer le respondió con una sonrisa. - No os preocupéis por eso joven, en Los Susurros no usamos esas cosas para con los enjuiciados, cuando mucho para con los culpables. Un hombre que intenta escapar demuestra de inmediato su culpabilidad y pierde cualquier derechos ante la ley. - Clarence no fue el único de los hombres en sonreír, unos de los guardias empezaron a dispersar a multitud.  

Cuando se dirigió a El Gigante se pudo notar de inmediato el porque de aquel sobrenombre, el joven tenía una altura considerable, pero aún así no le llegaba ni a los hombros a aquel energúmeno. Cuando mencionó que le deberían juzgar, algunos de los guardias soltaron unas risas. El movimiento de Clarence fue de una velocidad impropia de su corpulencia, en un segundo había desenfundado su mandoble manipulando con una sola mano como si fuese la tarea más sencilla del mundo, la carne del cuello cedió como mantequilla recién batida ante un cuchillo, fue un corte de extremo a extremo bastante limpio, pero eso no evito que la sangre, linfa e incluso médula de aquel sujeto se desparramasen por suelo. La cabeza se le había desprendido por completo y la muchacha volvía a dar un grito de pavor, esta vez acabo con ella desmayándose. Uno de los guardias cogió la cabeza del anciano para luego ponerla en una bolsa de lona. El hombre, que más bien parecía un animal, giro para mirar desde la altura al muchacho, fue su mujer quien respondió a la interrogante. - Creo confundís las cosas joven norteño, ese hombre no mata legalmente, ese hombre es la ley. - La mujer se acerco un par de pasos, evitando la sangre que Clarence había derramado. - Os presento a mi señor esposo, Lord Clarence Crabb, señor de los Susurros. Será él quien juzgue vuestros actos y dicte la sentencia...  asi que en vez de juzgarlo de asesino por su apariencia quizas deberíais apelar a su gentileza. Esta vez las risas de sus hombres fueron notorias, la mujer no parecía muy conforme con esa reacción pero hasta el mismo Lord sonrió. Los guardias apresaron al joven, mientras que el gigante cogió a la mujer desmayada como si fuese una muñeca de trapo y se la hecho al hombro. - Llévenlo a la mazmorra de invitados especiales. - Dijo el señor con una voz profunda que bien podría haberse confundido con el gruñido de un oso. - El juicio se celebrará mañana al amanecer. - La palabra utilizada fue juicio, pero por algún motivo todos los presentes la asumieron como otra, juego, el juego se celebrará mañana al amanecer.

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Re: La ciudad de los susurros (Axel Snow)

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