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La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

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La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

Mensaje por Dalila De la Sombra el Jue Abr 23, 2015 7:28 am

La noche y su rocío caían sobre Grisella. Estaba de rodillas frente a la tumba de mármol blanca. Hacía un mes ya que su pequeño yacía allí. Ya había dejado de preguntarse si Caleb estaría llorando, teniendo miedo a la oscuridad, como aquella noche en la que todo cambió. Había dejado de preguntarse si la niña que había llevado en su vientre y que estaba enterrada al lado había llegado alguna vez a reconocer su voz de madre, la voz de su hermanito cuando le hablaba a la tripa, la voz de su orgulloso padre.

No, ya no se hacía todas esas preguntas. En realidad había ido allí por dos cosas: la primera por costumbre, porque ya no había nada que pudiera hacer en aquel palacio, y la segunda para despedirse de sus hijos y asegurarles que lo que estaba a punto de hacer era por ellos. Ya no había marcha atrás. Sintiendo el puñal que llevaba escondido entre sus ropajes, se inclinó, haciendo sonar sus múltiples joyas, y besó el frío mármol de las dos tumbas. Nunca jamás volverían, pero al menos descansarían con dignidad.

Se deslizó entre las sábanas de la cama, sin encender una sola vela. Años atrás, aquello le había proporcionado una felicidad extrema, compartir lecho con el hombre que robó su corazón en una mirada. Ahora ese hombre era el causante de la mayor desgracia que jamás hubiese podido imaginar. Pero él seguía pensando que había sido mala suerte e insistía en superar la muerte de sus hijos. Habría que ver como superaba lo que iba a pasar, pensaba mientras se deslizaba a horcajadas sobre él. No lo vio venir, y ella disfrutaba del momento más de lo que esperaba, pero tenía que ser rápida. En un confuso reflejo, el puñal atravesó el torso de Karel, cortándole la respiración, dejando en el aire flotando el ruido de su tórax al romperse. Entonces lo desclavó, dejando la sangre salir, mientras encendía una vela en la mesilla, para que su marido pudiera ver su rostro. Karel parecía confuso, terriblemente asustado

-¿Tienes miedo de morir? Bien, por fin lo tienes, y con razón. He de decir que aún así no padecerás tanto como lo hice yo, mientras sentía que perdía inexorablemente a la hija que llevaba dentro. Quizá es algo más parecido a lo que sufrió nuestro Caleb- se bajó y cogió algo que había escondido bajo los muebles, una medalla invocadora, con una escritura que ni ella misma entendía, pues hacía milenios que no se hablaba, o quizá no se habló nunca, quizá sólo valía para aquella circunstancia. Karel trataba de moverse y detener la hemorragia de su pecho y su garganta

-Gri… Grisell… ¿po.. q..?- preguntó a duras penas. Ella se giró con una ceja alzada

-¿De verdad, esposo? ¿de verdad no sabes por qué?- se sentó en el borde de la cama como si hablara con un enfermo- ¿Qué otro destino merece un hombre como tú? Un hombre que muerde la mano que le da de comer, en un iluso intento de que un perro se transforme en amo, y ni si quiera te preocupaste por protegernos a mi y a Caleb. O eres el mayor estúpido que he conocido, o nuestros hijos y yo te importábamos muy poco. Nos atacaron porque no te encontraron a ti, Karel, tú eres el asesino de nuestros hijos- él lloraba

-Los hom…hom-b-es de Ghraz..- ella soltó una risa sarcástica

-No seas aún más idiota, Karel, muere con dignidad, por la Arpía. El emperador te mandó matar a ti, por traidor, eso hacen lo emperadores que tienen el poder que tiene Ghis. No, la culpa es sólo tuya. Hubiese bastado con que estuvieras aquí, pero no estabas- se levantó y le dio un manotazo cuando se dio cuenta de trataba de hacer ruido con los muebles- es inútil, estás a punto de pasar a la otra vida. Sólo que es una distinta a la que tu te imaginas- se agachó junto a la cama- No voy a permitir que te encuentres con nuestros hijos- y se llevó la moneda a los labios pronunciando la maldición. La última mirada de su marido fue algo parecido a la tristeza, el terror y la súplica. Lanzó la moneda sobre su pecho y se dirigió a la ventana poniéndose el velo negro. Como si huyera del sol que iba a amanecer, para cuando se dieran cuenta en palacio, ella estaría muy lejos de allí.

                                                            ..........................

Los guardias que la acompañaban iban estupefactos. Estaban acompañando a Grisella Karis, la mujer del traidor, que supuestamente había muerto un mes atrás, embarazada. Y allí estaba, cubierta de sangre, con el vientre plano y un puñal de oro y joyas engastadas en la mano, como si hubiese regresado de entre los muertos. La cabeza bien alta y la seguridad de que todo aquello iba a servir para algo. El palacio del emperador era sobrecogedor, sobretodo al atardecer, como era aquella hora. Casi no pudo ver el trono de la Arpía, sobre el que se sentaba el emperador, ya que según entró se arrodilló y agachó la cabeza, extendiendo las manos con el puñal, y sin embargo, era como si aquella pieza vigilara toda la habitación, a todos los consejeros, incluso al propio Grazdan. Tomó aire y dijo con voz firme

-Perdonad, gran emperador, que me presente así. Vengo a traeros el puñal con el que he matado a vuestro vasallo, Karel Karis, mi esposo, el traidor- por primera vez, y tras dejar el puñal, levantó la cabeza y dirigió sus ojos verdes, intensos pero llorosos- Y a mostraros con ello mi lealtad, pues no hay nadie en el mundo a quien deba más obediencia que a vos. Os suplico vuestra misericordia conmigo y el perdón a mis hijos en la otra vida, pues ninguno de nosotros teníamos idea de la traición de mi esposo, si llevo luto no es por él, si no por Caleb y Aura, que encuentren el descanso eterno allá donde estén- la sala estaba en silencio expectante, Grisella nerviosa, y atenta a la mirada del emperador, aunque empezaba a resultarle difícil sostenerla. Sus pensamientos divagaban desde las almas de sus pequeños a la última mirada de Karel, bañado en sangre.

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Re: La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

Mensaje por Grazdan no Ghiscar el Jue Abr 23, 2015 10:44 am

Sydar era uno de los hombres en que el emperador depositaba mayor confianza, un hombre más bien pequeño, quizas en otra época tuviese algo más de altura, sin embargo la edad parecía carcomer un poco de ella cada año. Sus ojos, pardos y rasgados, parecían tener una serenidad implacable. Conocía muy bien al emperador, había servido no solo a su padre y a su abuelo, sino también a su madre, un hombre temido que se muchos llamaban el oído de la arpía, pues parecía escuchar hasta el más tenue de los murmullos en el imperio, pero incluso él parecía sorprendido cuando los guardias indicaron que la esposa de Karel Karis pedía una audiencia con el emperador. Era cierto que no había confirmado su muerte, pero el relato de lo sucedido por el anciano daba a entender que esa mujer no debía estar en condiciones de moverse, mucho menos de venir a presentarse ante él. - ¿Como osa mostrar su cara ante la Sangre de Arpía?. - Salio uno de sus consejeros en el peldaño del conocimiento, luego se dirigió hacia el hombre en el trono en las alturas. - Mi señor, de seguro es otro recurso del traidor, planea usar a su mujer para obtener compasión y el perdón. - Sus ojos ámbar buscaron los de su consejero, lo que planteaba era sin duda un recurso bajo pero también una posibilidad real, más si se trataba de una rata como Karel Karis, si había algo que le disgustase más que la traición era sin duda la incompetencia al ejecutarla. Luego de eso desvió los ojos hacia el anciano Sydar, pero este no dijo nada y solo desvió su mirada. - Que pase. - Dijo por fin el emperador, aunque no era poderosa, la casa Karis tenía un linaje antiguo y respetado, por ello había decidido castigar solo al traidor y mantener los derechos de su apellido... pero si como planteaba su consejero aquel hombre volvía a usar a su mujer como escudo, aplastaría a los Karis sin titubear.

Karis y sus conspiradores habían logrado avanzar con sus planes de forma fluida, eso les había llenado de gran confianza, la imagen de Grazdan y su consejo era respetada y temida en todo el imperio, sin embargo ante ellos parecía que era un gato que solo sabía maullar ordenes pero carecía de garras, razón por la que los ratones empezaron a organizar una fiesta. Pero lo cierto era que Sydar le había traído los rumores de sus movimientos cuando solo había sido una conversación de borrachos en una fiesta privada. Eran cosas de ebrios, a las que un emperador nunca daría crédito, pero se decía que ni los niños ni los borrachos mentían, quizas era una declaración sin sentido, pero denotaba una intención, una que solo había podido salir a la luz gracias al alcohol. - Ayúdalos. - Le había dicho a Sydar. - Que uno de tus hombres de confianza se les acerque con sutileza, no importa si debe tomarse lunas o incluso años, desprende información de peso pero que no nos afecte directamente, que crean estan dos pasos delante de mi. - Luego de eso había sonreído. - Veamos cuantas ratas salen a jugar.

La mujer que ahora caminaba al trono había sido una víctima innecesaria y por lo que daba entender esa situación, volvería a serlo. Cuando el emperador había dado tiempo suficiente para que sus "enemigos" salieran a la luz, había decidido todos morirían una misma noche, como advertencia a los conspiradores que nada se le escapaba al emperador, lo cierto era que la idea de rebelión de Karis era una tontería desde el inicio, no tenía el apoyo de un vasallo poderoso, tan solo era un hombre idiota con sueños de grandeza y Grazdan había pensado en darle cierta utilidad, Karel Karis se convertiría en un ejemplo. Pero las cosas no habían salido como vaticinase en aquel entonces, de la misma forma en que no sucedieran en ese momento. La mujer se presentó alta y orgullosa, cosas que se esperaba, pero hasta ahí acababan los aciertos, la mujer venía cubierta en sangre y portaba una daga dorada entre sus manos, lo primero que dijo dejo a sus consejeros estupefactos y logró captar la atención de Grazdan más que el carmesí de la sangre que le cubría. Escucho con atención las palabras de la mujer en el más bajo de los niveles de la estancia, un poco sobre ella los consejeros cuchicheaban entre ellos, algo más arriba algunos de sus guardias se había puesto a la defensiva cuando la viesen entrar armada e incluso tras su explicación mantenían dicha actitud. Pero en el trono que se alzaba más arriba de todos el emperador mantenía la calma, como si fuera otro juicio más que se realizaba en el salón del trono.

- Vuestros hijos tuvieron mi perdón desde el inicio, nunca fue mi intención que fuesen involucrados. - Grazdan era reconocido por ser un hombre duro, de carácter tajante para sentenciar y sin paciencia para las mentiras, sin embargo se le consideraba alguien justo, brutal, pero justo, y no veía correcto involucrar niños en problemas de adultos, razón por la cual incluso en su corte había prohibido los atentados entre sus mujeres, una costumbre bastante arraigada en el seno de la arpía, pero que Grazdan veía innecesaria y castigaba con severidad. Hizo un gesto a Sydar, aunque sabía no era necesario, lo que había dicho aquella mujer no era un invento, lo veía en sus ojos. El anciano paso junto a ella y se retiró de la habitación, a corroborar el asesinato de Karel Karis. - Creo en vuestras palabras, sin embargo para bien o para mal los familiares de vuestro marido pedirán vuestra cabeza, yo diría que con con ese acto les habéis dado una salida fácil del embrollo en que vuestro marido les puso. - La mujer tenía coraje, eso no cabía duda, y sus palabras cargadas de emoción sin duda hubiese hecho doblegarse a otro, pero Grazdan no era ese tipo de persona, aunque hubiese sucedido sin ser su objetivo, los niños de la mujer habían sido muertos por una orden que diese Grazdan, era una mujer que había asesinado a su esposo por odio y, hasta donde sabía, siempre se había mostrado como una esposa devota... ¿Y si ese solo era el comienzo de su venganza? ¿No podría haber usado al marido solo para acercarse a él, o peor aún, a sus hijos? Matarla era sin duda algo más sencillo, podía negarse inicialmente ante la solicitud que los Karis sin duda harían una vez se enterasen de lo sucedido, pero luego cedería como un acto de buena fe, la paz para con la familia de su difunto esposo se podría cimentar con la cabeza de la mujer frente a él servida en un plato durante un banquete, cortesía del emperador, por supuesto. Pero aún así... - Traéis una ofrenda que interpretó como paz, pero también de decisión. Decidme, Grisella Karis, ¿Que queréis de mi?, habladme con la verdad y puede que atienda a vuestra solicitud. - No lo dijo, pero la mujer, a diferencia de su marido, tenía dos dedos de frente, las mentiras nunca habían sido toleradas por el emperador.

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Re: La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

Mensaje por Dalila De la Sombra el Sáb Abr 25, 2015 7:11 am

Apretó la mandíbula, maldiciendo por enésima vez el nombre de Karel. Nunca en su vida una sala llena de hombres la había mirado con desprecio y desconfianza, su belleza y talante le habían llevado a todas partes, incluso a cambiar de vida, y todo por él. Pero aún podía cambiar eso.

Parecía una tontería para cualquiera, pero su espíritu se calmó al oír la palabras del emperador sobre sus hijos. Ahora sabía, no sólo que las ánimas les perdonarían, si no que no había cometido una locura. Las noches antes de llevar a cabo su crimen, una vocecita le repetía al oído si no estaba a punto de ajusticiar al hombre equivocado, si en verdad el emperador era un sádico. Pero claramente no había sido así, o su cabeza estaría en una pica. Casi sintió una satisfacción interior cuando hablo de los Karis, nido de serpientes y cobardes. Incorporó la espalda hasta quedarse de rodillas con la espalda recta ante el emperador como si rezara, mirándole con serenidad

-Mi señor, si me he atrevido a venir ante vos es por varias razones. La primera y más importante es para demostraros mi lealtad. Vuestro imperio hizo la fortuna de mis padres, me acogió cuando llegué de Asshai y podría haber hecho la felicidad de mi esposo si no hubiese tenido la estúpida idea de morder la mano que le daba de comer como un perro callejero desagradecido- notó como sus ojos se anegaron en lágrimas y su voz se enrrabiaba- La segunda es demostraros que yo soy inocente de todo lo que se acusa a Karel. Claro que pregunté por qué viajaba tanto, que por qué tanto secretismo, y entonces cualquiera soltaba un "mujer no te metas en los negocios de tu marido"- soltó una risa sarcástica y miró un momento a la nada, acordándose de sus preocupaciones nocturnas- y yo pensaba que quería otra esposa y me lo estaba ocultando...- tomó aire, disipando sus deseos asesinos contra el hombre que algún día amó- Sólo pido seguir siendo vuestra sierva, de la manera que vos consideréis más conveniente, pero protegiéndome de los Karis. Karel era un traidor, pero lo cierto es que no tenía muchas luces, y si no hubiese sido por la instigación de su familia, nunca habría llegado a la conclusión de cuestionar vuestra autoridad. Los Karis son los verdaderos traidores y los asesinos de mis hijos. Si yo maté a Karel en vez de entregaroslo es porque mi corazón nunca hubiese vivido en paz mientras él siguiera respirando el aire que ya no respiran nuestros hijos, y yo me hubiese tenido que quitar la vida mientras él la tuviera, cosa que considero injusta ya que yo peleé hasta que caí desangrada por salvar la vida de mi hijo, mientras él no sólo huyó como un cobarde si no que fue el propio causante de la situación.

Su relato había conmocionado a los consejeros. El silencio era absoluto en la sala y es que escuchar como una madre había luchado hasta la muerte por su hijo, mientras el padre estaba escondido en algún lugar lejos de los ojos del emperador, no era un plato ni corriente ni de buen gusto. Esperó en silencio, oyendo los murmullos y rezando mentalmente por que los caballos de los Karis no fueran más rápidos que la capacidad de decisión del emperador. Con un poco de suerte, se conducirían ellos mismo a la trampa que se merecían. Carraspeó y volvió a hablar

Y ahora mi señor, antes de mostraros mis otras dos peticiones, desearía saber si cuento con vuestro beneplácito y protección, para no haceros perder el tiempo en pedir algo que no me va a ser concedido. Y a ser posible en caso de que queráis escucharme, preferiría que fuera en lo más privado que vuestra seguridad y consejo permitan

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Re: La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

Mensaje por Grazdan no Ghiscar el Lun Abr 27, 2015 3:37 pm

Las palabras de la ensangrentada joven estuvieron llenas de sorpresas, desde la primera hasta la última silaba. La información de Sydar en cuanto a la mujer del traidor no era muy extensa, sabía su origen estaba en Asshai pero, si había tenido un pasado en ese lugar, parecía haber ocultado muy bien el rastro, eso o era algo demasiado insignificante para hacer ruido en las tierras de la sombra. Sin embargo su aseveración le indicaba que esa mujer era hija de una familia adinerada, probablemente mercaderes que habían prosperado negociando con su imperio, o eso daba a entender. No tenía como corroborar su información, bien todo podría ser parte de una estrategia para conseguir su venia, para lucir más llamativa e intrigante de lo que en verdad era... para bien o para mal, su estrategia parecía surtir el efecto esperado. La alusión del perro que muerde la mano que le da de comer reflejaba fielmente el pensar del emperador, los poderes de Grazdan eran absolutos, de quererlo podría aplastar a la gente como si fuesen insectos, pero asi como su sangre le había conferido dichos deberes y privilegios, el emperador respetaba el linaje de los demás, sus vasallos, incluso los que ocupaban los escalafones más alejados en la nobleza de la arpia, eran sangre noble ghiscari y como tal trataba de tratarles. La casa Karis había prosperado gracias a esta primicia, y pese a los títulos y tierras que el emperador les permitía conservar, parecía no haber sido suficiente para el tal Karel y el resto de sus sabandijas. Las lagrimas de la mujer le parecieron innecesarias asi como el recalcar su inocencia en todo lo acontecido, incluso aunque hubiese sabido la ofrenda que le traía cubría con creces la posible afrenta, después de todo el rol de una esposa también implica un deber, aunque menor que el para con su emperador bien podría llegar a entender que titubease a la hora de definir a sus prioridades.

La petición no era una del todo sencilla, claramente tenía el poder para hacerlo, pero aunque la familia Karis fuese tildada de traidores y pese a que la idea de dejarlos en la calle a todos como precedente era tentadora... ¿Por qué hacerlo para cumplir el deseo de una mujer? Era una duda razonable, aunque para ser justos su llegada y el regalo que le había presentado le habían dado varios puntos a su favor. Grisella era una mujer de armas tomar, solo bastaba ver a su corte para comprenderlo, había llegado como una vil traidora pero ya varios de sus consejeros murmuraban a favor suyo. Grazdan no dudaba que había actuado más rápido que cualquiera de los otros parientes del traidor con el fin de poder ganar esa valiosa de carta ante su juicio. No estaba muy seguro de como abordar dicha situación, o sería más correcto decir que tenía sentimientos encontrados al respecto, pero había una cosa que si podía asegurar con certeza absoluta. - Mientras permanezcáis en mi ciudad y no juzgue lo contrario, estáis bajo mi protección. - De seguro llegarían los Karis a por venganza, o mejor dicho, a aprovecharse del movimiento de la esposa del traidor, pero sin importar cuanto patalearan debían tener una cosa en claro, Grazdan no Ghiscar era el único que juzgaba en sus dominios, aunque era cierto que podría haber extendido su protección en cualquier punto del imperio, tampoco estaba tan abierto a dar dicha opción con tan poca información. - Estáis en presencia de mi consejo y guardia personal. - Sentenció ante lo último que había dicho la mujer de Asshai. - De aquí solo se filtra lo que yo deseo suceda, todos los presentas saben el precio de la traición y hacer faltar a mi palabra es la peor de las traiciones, ellos lo saben. - Hubo un silencio sepulcral entre los hombres en el primer nivel, los guardias en el segundo siempre permanecían callados, aunque sus miradas se veían más vidriosas de lo normal. - Podéis hablar con confianza. - En cuanto dijo esto pudo ver alguien entraba en la habitación, durante una audiencia no se le permitía el paso a nadie, ni siquiera a sus guardias, sin embargo el hombre canoso que se ubicó en la puerta no era otro más que su consejero Sydar, a quien hacía unos minutos enviase a cumplir una misión. El anciano era bueno, pero aún con su red de contactos era imposible hubiese podido actuar tan rápido... a menos... a menos que la respuesta hubiese venido directo hacia ellos, Grazdan comprendió de inmediato que Sydar no había regresado con las manos vacías, no era su estilo, por lo que solo quedaba una explicación, los Karis estaban en la sala de espera, aguardando la audiencia con la viuda acabase para hacer su movimiento.

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Re: La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

Mensaje por Dalila De la Sombra el Miér Mayo 06, 2015 8:34 am

Bajo su protección. Esas eran las palabras que llevaba pretendiendo oír en todo momento. El emperador era alguien de palabra y no se arriesgaría ante todos a ejecutarla si le había amparado anteriormente. Tomó aire y se replanteó lo que iba a pedir. Bastante que le iba a dejar quedarse en la corte, pero si no lo intentaba viviría con el estigma de haber sido la esposa de un traidor y una madre desgarrada toda su vida, y aunque ahora sólo podía pensar en su venganza, había un futuro y tenía que asegurarselo

-Bien, mi señor, mis otras dos peticiones son un poco más complicadas. La primera es que si he obtenido vuestro perdón quiero borrar mi pasado, empezar desde cero en vuestra corte para serviros lo mejor posible. Para ello he de cambiar mi nombre y que todo el mundo me reconozca por él, incluso vos... y me gustaría que ese nombre fuera Dalila, si os place- y como si los fantasmas del pasado que intentaba borrar volvieran para confirmar sus palabras, el esbirro del emperador entró por la puerta. Por las expresiones de ambos, dedujo perfectamente lo que estaba ocurriendo fuera y una oleada de murmullos se extendió por toda la sala, como cuando entró. Los Karis estaban fuera.

Como un resorte, agachó brevemente la cabeza, y se acercó de pie, pero inclinada en señal de respeto hasta un lado de la peana del trono del emperador y se agachó de nuevo discretamente, mirando a la puerta, esperando. "No tengo miedo" se dijo. Aquella gente era perversa y el emperador sabría verlo en cuanto viera el odio en los ojos de aquella familia.

Cuando los guardias abrieron las enormes puertas vislumbró a Marays Karis, su suegra, la que en el fondo había perpetrado todo el plan, y detrás suyo sus otros cuatro hijos, esbirros, animales que sólo sabían luchar y obedecer las órdenes de aquella vaca con aires de grandeza a la que nunca había soportado. Su mirada reflejo el odio mas profundo, afilando sus ojos verdes, como una pantera a punto de atacar. La vaca entró con paso firme y moviendo mucho los brazos, altiva porque siempre se había creído alguien, por haber emparentado con aquella familia milenaria, y ella siempre pensó que el emperador no era mas que cualquier miembro de su queridísima familia. La miró con ferocidad y medio sonrió ante el emperador tras agachar la cabeza rápidamente

-Veo que ya la habéis apresado vos, majestad. Se ha cometido un terrible error con mi familia, que se saldó con la muerte de mi hijo pero al atrapar a esa bruja lo estáis compensando- sus palabras evidenciaban su soberbia y Grisella estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no escupirle a la cara y darle un tortazo- Esa mujerzuela es una bruja, encontramos una moneda de maldición sobre el cadáver de mi pobre Karel... ¡lo engañó y lo embaucó sólo para buscarle la ruina!- no pudo evitarlo y gritó

-Yo amaba a tu hijo, maldita pérfida. Lo amaba hasta que tú con tus mentiras y tus aires de grandeza le convenciste de que era más de lo que era. Y ahora mis hijos, tus nietos, están muertos y es sólo vuestra culpa- Ella soltó una risa sarcástica

-Tus hijos seguro, pero que fueran mis nietos...- Grisella se levantó se inclinó hacia adelante. Podía matarla en ese mismo instante. Podía hacerlo. Coger el puñal de oro de los pies del emperador, aun manchada de sangre Karis y atravesar a aquella mala pécora. Pero no, volvió a arrodillarse respirando muy fuerte, tratando de calmar los latidos de su corazón, que sentía en las sienes, las muñecas y aquella rabia que ardía en su interior. La señaló y dijo

- Podría matarte por lo que has hecho, y luego dejar que esos hijos que entrenas como meros animales de guerra sin pensamiento me mataran, pero no. confío en la justicia de Ghis, y sobretodo creo en la que te daré cuando mueras, porque te juro que al igual que Karel y que el resto de tus hijos, conocerás las llamas eternas- se calló y esperó a la reacción del emperador, mientras Marays echaba sapos y culebras por la boca a lato volumen. Pero ella ya no escuchaba. Sólo miraba desde abajo los ojos verdes de Grhazdan

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Re: La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

Mensaje por Grazdan no Ghiscar el Vie Mayo 08, 2015 1:32 pm

El emperador no estaba muy convencido con la primera de las solicitudes, el dejar el nombre era no solo un acto digno de un vil forajido o un esclavo, sino que a su vez era una afrenta ante los padres que nos habían puesto tal, pero dadas las circunstancias podía comprender que la mujer frente a él intentase dejar su pasado atrás, pues implicaba dejar a su esposo, sus recuerdos y oscuro legado. Grazdan dudaba sirviera de algo ante ojos externos, pero para ella probablemente tenía un significado más profundo, por lo que no veía razón para negarse. - Incluso un emperador es incapaz de borrar el pasado de las personas, pero si lo que buscáis es atenuar los recuerdos con este cambio no seré yo quien se oponga. - El nombre Dalila era tan bueno como cualquier otro para sepultar a Grisella Karis. - Dalila, Dalila de Asshai. - Dijo todavía pensativo y no del todo convencido, clavo sus ojos en aquella mujer teñida de rojo. - Dalila de la Sombra. - Decretó por fin con más certeza. - Pues no solo venís de las sombrías tierras del este sino que dejáis en la sombra vuestra vida pasada. A contar de este día y hasta que dejéis este mundo se os conocerá por ese nombre. - Un pasado no se puede borrar, además, el hacerlo implicaría también olvidar el hecho que le había conseguido una audiencia con el emperador, Grisella se había ganado su protección con la muerte de su marido y, para bien o para mal, esa sería la sombra que siempre perseguiría a Dalila.

Cuando el primer asunto fue zanjado, la puerta del salón se abrió de par en par. Grazdan no dejo entrever su enojo por ser interrumpido durante una sesión, pero de seguro alguien pagaría por ese error. Una mujer de avanzada edad ingresó al salón, de no ser por su aguda memoria no habría tenido oportunidad de reconocerla, pero aunque no hubiese sido así le habría bastado ver la expresión de Dalila para saber de quien se trataba, era la madre del difunto, la madre del traidor, Marays Karis, y junto a ella unos hombres que solo podían ser sus hijos. Tenía que darles algo de crédito, habían actuado bastante rápido.

La mujer se dirigió al emperador tras un saludo poco adecuado considerando su familia estaba en tela de juicio por traición, el tono de voz de la mujer era ronco y desagradable, efecto probablemente exacerbado por la agitación. Cuando los hombres en el salón empezaron a hilar las palabras de la mujer se miraron incómodos, Grazdan por su lado juntó las manos en su regazo y le escucho con atención solemne, mientras acusaba a Dalila de la Sombra de ser una bruja, Grazdan le hizo un gesto a Sydar, quien salió de inmediato de la habitación. Una esclava vestida en lino blanco subió por la escalera de la derecha para depositar una bandeja con una copa dorada con vino y un plato con uvas junto al trono, para luego alejarse sin levantar por un segundo la cabeza. El emperador se llevo un par a la boca mientras las mujeres debatían sobre lo sucedido, no por ello dejando de prestarles atención. La declaración de que todos conocerían las llamas eternas le robo una tenue sonrisa, la que oculto llevándose la copa a los labios.

- Mi estimada Marays. - Su voz denotaba un dejo de melancolía, como si a quien tratase fuese la mujer que lo crió y no solo una extraña a quien había visto no más que un par de veces entre un desfile de un millar de familias nobles del imperio Ghiscari. - Cuanto lamento escuchar vuestras palabras del error que he cometido con los Karis, se podrán decir muchas cosas de mi persona pero espero que nunca sea una de ellas el que no trato con justicia a mi pueblo. - La mujer tenía los ojos vidriosos aunque si las miradas matasen Dalila estaría siendo acribillada una y otra vez. Sus consejeros, que le conocían mejor, se miraban los unos a los otros sin decir palabra alguna. - Decidme señores. - Su mirada fue a los cuatro hijos restantes de la mujer. - ¿Vuestra madre habla en nombre de todos vosotros?. - Dos de los borregos asintieron de inmediato, la mujer se dio vuelta mirando con enfado a dos de los hijos que no respondían, uno termino por ceder ante la presión, pero el cuarto solo miraba el piso y se mantuvo en silencio. La mujer no tardo en buscar palabras para decir que su voz era la de su familia y que su hijo tan solo estaba siendo tímido. - Lady Karis, si tenéis alguna prueba de vuestras palabras o tenéis algo más que decir, os escuchare. - Luego de eso miro a la joven ensangrentada. - Dalila de la Sombra, si tenéis algo que replicar a sus acusaciones podréis decirlo una vez acabe y también mencionad vuestra última solicitud, luego de eso todos seréis escoltados afuera mientra delibero sobre vuestro futuro.  

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Re: La sangre de la venganza [Grazdan] [FB]

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